Soy Ataúlfo Calafate. Y llevo siéndolo bastante tiempo. Me despierto temprano cada mañana, excepto los domingos, cuando la resaca me impide ejercer de persona hasta media tarde. Pero esa es otra historia.
Lo primero que hago nada más levantarme es beber un zumo de naranja. Y después de cagar, me ducho y me cepillo los dientes. Uso Licor del Polo efecto blanqueador.
Nunca me ha preocupado excesivamente mi aspecto exterior. Con el cabello aún mojado, revuelvo entre los trapos del armario y cojo una combinación de prendas al azar. Mi acierto en la selección de la vestimenta suele ser equiparable al de Fernando Torres tirando penaltis. Y desde que me borré las huellas dactilares de la mano izquierda con la plancha, siempre llevo las camisas arrugadas.
No soy guapo. Me afeito mal. Mis abdominales macizos decidieron esconderse bajo una generosa barriga. Y mi carácter no es especialmente agradable. Huraño, esquivo, cruel, narcisista... son solo algunos de los piropos que he ido coleccionando a lo largo de mi insípida existencia.
Entre semana salgo de casa a las 8.23. Siempre pierdo el tren de cercanías. Pero no me importa esperar al siguiente. Así me da tiempo a leer el periódico gratuito mientras llego a la parada de la Universidad. Tampoco me preocupa entrar tarde a clase. Soy inmune a las miradas fulminantes que me lanzan los profesores cuando los interrumpo. Se gustan oyéndose, pero ¿y qué? Además, el retraso es la excusa perfecta para acomodarme en un asiento apartado, donde puedo retraerme y evitar cualquier tipo de contacto humano con mis petulantes e histriónicos compañeros.
Estudio Derecho. Corrijo, estoy matriculado en Derecho. Asisto frecuentemente a la facultad. Pero en cuanto se inician las disquisiciones en torno al ordenamiento jurídico español, mi mente comienza a reproducir la Radetzky March Op. 228 de Johann Strauss.
Aborrezco la carrera. Me siento alienado estudiando una materia tan árida e impersonal. Y por si fuera poco, esta próxima semana empieza mi periodo de prácticas externas.
Soy Ataúlfo Calafate. Y a partir del lunes seré becario de la Audiencia Nacional.
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